Ciudad de México.- En un movimiento que busca redefinir el rumbo industrial del país, el Gobierno de México ha tejido una alianza sin precedentes con el sector acerero y de la construcción, apostando por convertir al acero nacional en el motor de una nueva etapa económica.
Desde Palacio Nacional, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo anunció lo que calificó como un acuerdo “histórico”: una estrategia que no solo pretende impulsar la producción siderúrgica, sino también fortalecer toda la cadena productiva dentro del país. La meta es clara: que el acero hecho en México sea protagonista en las grandes obras y proyectos estratégicos.
Detrás de este pacto, impulsado por el titular de Economía, Marcelo Ebrard, se encuentra una coordinación inédita entre dependencias federales, empresas del Estado y el sector privado. Gigantes como Petróleos Mexicanos y Comisión Federal de Electricidad se suman al compromiso de utilizar acero nacional en sus desarrollos, enviando una señal contundente al mercado.
La arquitecta operativa del acuerdo, la secretaria Raquel Buenrostro Sánchez, delineó una estrategia basada en tres pilares: compras públicas inteligentes, financiamiento para infraestructura y compromisos de alto impacto en la construcción, especialmente en vivienda. El objetivo es activar la economía desde el gasto gubernamental, generando empleo y fortaleciendo la industria local.
El plan también contempla medidas para blindar al sector frente a prácticas comerciales desleales, incentivar la proveeduría nacional y reducir la dependencia de importaciones. A cambio, la industria acerera se compromete a garantizar calidad, precios competitivos y suministro oportuno, mientras que los constructores incrementarán el uso de insumos mexicanos.
Con la participación de 19 instituciones públicas y tres cámaras empresariales, este acuerdo se perfila como una pieza clave dentro del Plan Nacional de Desarrollo 2025-2030. Más allá de un simple convenio, representa una apuesta estratégica: utilizar el poder de compra del Estado para detonar el crecimiento industrial y consolidar sectores clave de la economía.
La visión es ambiciosa. Convertir al acero no solo en materia prima, sino en símbolo de una economía más fuerte, menos dependiente del exterior y capaz de construir su propio futuro desde adentro.










