SALTILLO, COAHUILA .- Luego de superar un infarto y un grave accidente automovilístico, el padre Felipe Martínez se integró este domingo como vicario adscrito a la Parroquia de San Pablo, donde ofreció un testimonio de vida marcado por la fe y la recuperación.
Durante la misa de bienvenida, el sacerdote fue recibido por feligreses con aplausos y muestras de afecto. En su mensaje, relató cómo en años anteriores decidió ponerse completamente en manos de Dios, lo que, aseguró, ha guiado su camino incluso en los momentos más difíciles.
El padre Martínez recordó que durante su estancia en el hospital, los médicos consideraban su estado crítico tras sufrir un infarto, con pocas probabilidades de recuperación. Sin embargo, afirmó que vivió ese proceso con serenidad y confianza. “Los especialistas tenían un diagnóstico, pero Dios tenía otro”, expresó.
Asimismo, narró el accidente automovilístico ocurrido el 10 de mayo del año pasado, el cual describió como un punto de inflexión en su vida espiritual. Señaló que ese momento significó para él “nacer a una nueva vida en Cristo”.
El sacerdote también destacó el acompañamiento recibido en comunidades donde ha servido, especialmente en la parroquia de San Juan de los Lagos, en Ramos Arizpe, donde aseguró haber fortalecido su carácter y vocación.
Pese a las dificultades de salud, afirmó que nunca dejó de ejercer su ministerio, incluso durante su convalecencia. También reflexionó sobre las decisiones repentinas dentro de su servicio pastoral, señalando que en varias ocasiones ha tenido que dejar comunidades sin despedirse, en obediencia a las indicaciones del obispo.
Durante la ceremonia, el párroco Jorge Salvador Guzmán le dio la bienvenida y expresó que su llegada representa un motivo de alegría para la comunidad, al tiempo que lo invitó a continuar su labor como guía espiritual.
Con su incorporación, el padre Felipe Martínez retoma plenamente sus funciones, convencido de que su recuperación representa una nueva oportunidad para servir.









