Nadxielly Isabel “C”, de 33 años y originaria de Chiapas, fue secuestrada el pasado 1 de abril tras salir de su domicilio con rumbo a una supuesta entrevista de trabajo. La joven permaneció en cautiverio durante 14 días hasta que logró escapar por sus propios medios y fue localizada en el municipio de Juchitán de Zaragoza, Oaxaca.
La Fiscalía General de Justicia de Chiapas informó que la denuncia por desaparición fue presentada por su esposo, quien aseguró que la vio por última vez cerca de las 10:00 de la mañana, al salir de su casa ubicada en el fraccionamiento Lomas del Pedregal, en el municipio de Berriozábal.
Nadxielly fue reportada oficialmente como desaparecida y su ficha de búsqueda detalló que tiene ojos café claro, cabello castaño oscuro y varios tatuajes visibles detrás de las orejas, en los brazos, abdomen y espalda. Su desaparición generó preocupación entre sus familiares, quienes no tuvieron noticias de ella durante dos semanas.
Fue hasta el 14 de abril cuando la Fiscalía de Oaxaca notificó haber localizado a la joven en Juchitán de Zaragoza, en la región del Istmo de Tehuantepec. Según la información oficial, Nadxielly había caído en una trampa a través de una falsa oferta de empleo publicada en redes sociales, por la que salió inicialmente rumbo a la terminal de autobuses en Tuxtla Gutiérrez.
Ahí fue interceptada por una persona que se ofreció a llevarla al lugar donde presuntamente se realizaría la entrevista. Sin embargo, fue privada de la libertad por un periodo de 14 días. Las autoridades no especificaron dónde estuvo retenida ni de qué manera logró escapar.
Tras su huida, Nadxielly se dirigió por cuenta propia a Juchitán de Zaragoza, donde tiene familiares. Esto permitió que, tras un oficio de colaboración de la Fiscalía de Chiapas, la Vicefiscalía Regional del Istmo en Oaxaca desplegara operativos focalizados que culminaron con su localización.
Elementos de la Agencia Estatal de Investigaciones (AEI) la presentaron ante el Ministerio Público para rendir su declaración y, posteriormente, fue entregada a sus familiares.
Este caso ocurre en un contexto de creciente inseguridad en Chiapas, una región en la que operan cárteles como el Jalisco Nueva Generación y el de Sinaloa, que han sido señalados por reclutar forzadamente o mediante engaños a jóvenes, especialmente para actividades delictivas como sicariato, vigilancia (halconeo) y narcomenudeo.









