Jorge Humberto Figueroa Benítez, alias La Perris o El 27, identificado como uno de los principales jefes de seguridad de Los Chapitos, fue abatido por fuerzas especiales del Ejército Mexicano durante un operativo realizado el viernes 23 de mayo en Navolato, Sinaloa. Su muerte fue confirmada al día siguiente por el titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC), Omar García Harfuch.
El operativo se llevó a cabo cerca de la localidad de Bariometro, en las inmediaciones de la carretera que conduce a La Cofradía, una zona cercana al Panteón Municipal de Navolato y la avenida Ignacio Zaragoza. El objetivo era capturar a Figueroa Benítez, quien se escondía en una vivienda modesta de un solo nivel construida con ladrillo y concreto.
La casa, ubicada en una zona semidespoblada, tenía fachada roja y portón café. En imágenes captadas en Google Maps se aprecia una pequeña ventana con protección, justo al frente de un terreno con maleza seca. Durante el operativo, la fachada fue impactada por múltiples disparos de grueso calibre, dejando severos daños materiales visibles en fotografías difundidas en redes sociales.
Se reportó que la vivienda contaba con doble acceso, lo que permitía la conexión con otra propiedad ubicada sobre la calle Francisco Javier Mina. Esta segunda casa, de color amarillo y sin ventanas exteriores, también fue construida en ladrillo y presentaba características similares de vulnerabilidad.
Tras el operativo, circularon en redes sociales imágenes del cuerpo sin vida de La Perris, tendido boca arriba sobre una cama, con el torso descubierto y un arma de fuego al lado. También se observaron objetos personales como una escalera de tijera y pertenencias desperdigadas. En otra imagen se identificaron tatuajes en su brazo derecho con los nombres Joselín, María, Sebastián, José e Iker.
Aunque oficialmente no se reportaron más víctimas, versiones extraoficiales señalaron que otro hombre, identificado como José María, alias El Chema, también habría muerto en la acción militar.
La Perris era considerado un operador de alto nivel dentro del Cártel de Sinaloa, específicamente en la célula de Los Chapitos, liderada por los hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán. Su implicación en el tráfico de drogas lo convirtió en un objetivo prioritario del gobierno de Estados Unidos, que ofrecía una recompensa de hasta un millón de dólares por información que llevara a su captura.









