Gaza al borde del colapso: hambruna y crisis médica amenazan a bebés y médicos

Médicos y enfermeras se desmayan por hambre y deshidratación, mientras escasean los alimentos, medicamentos y suministros esenciales

La crisis humanitaria en Gaza ha alcanzado un punto crítico. En varios hospitales aún en funcionamiento, médicos y enfermeras se desmayan por hambre y deshidratación, mientras escasean los alimentos, medicamentos y suministros esenciales. La desnutrición se ha convertido en una amenaza tan letal como las heridas de guerra. Según datos del Ministerio de Salud de Gaza, al menos 56 palestinos han muerto este mes por causas relacionadas con el hambre, casi la mitad del total registrado desde que comenzó la guerra hace 22 meses.

La situación fue descrita por siete médicos —cuatro gazatíes y tres voluntarios de Estados Unidos, Reino Unido y Australia— que trabajaron recientemente en cuatro hospitales del territorio. Relatan que los centros de salud carecen de fluidos nutricionales, fórmula infantil y sueros esenciales para mantener con vida a bebés y adultos desnutridos. Los doctores intentan evitar el colapso de los pacientes, pero muchas veces solo pueden acompañar su deterioro, especialmente en el caso de los recién nacidos, que corren riesgo de síndrome de realimentación, una condición potencialmente mortal.

Médicos como la estadounidense Ambereen Sleemi y el británico Nick Maynard han sido testigos del deterioro extremo. Maynard describió a un bebé de siete meses tan delgado que parecía recién nacido, y calificó la situación como una “hambruna provocada por el ser humano”. Ambos han denunciado que la ayuda humanitaria no está llegando de manera efectiva a la población.

El sistema de distribución de alimentos, reorganizado por Israel desde marzo, es señalado como uno de los principales obstáculos. Anteriormente coordinado por la ONU desde múltiples puntos cercanos a la población, ahora depende de pocos centros administrados por contratistas privados respaldados por Israel. Alcanzarlos implica atravesar zonas militares, lo que ha resultado en cientos de muertes por disparos israelíes. Aunque Israel afirma que el nuevo sistema evita que Hamas robe la ayuda, no ha presentado pruebas concluyentes.

En paralelo, los precios de los pocos alimentos disponibles en el mercado se han disparado: un kilo de harina o tomates puede costar hasta 30 dólares. Muchas familias deben decidir entre arriesgar la vida en busca de comida o morir de hambre. En palabras del pediatra Hani al-Faleet: “La causa inmediata de muerte en algunos bebés es simple: no reciben alimento, y sus madres tampoco”.

Casos como el de la bebé Salam Barghouth, de tres meses, ilustran el drama. Su madre, Hanin, ha perdido 13 kilos y no puede producir suficiente leche. La fórmula infantil cuesta más de 100 dólares el bote, y su padre nunca logra llegar a los centros de distribución antes de que se agoten los suministros. Salam pesa apenas 4 kilos, muy por debajo del promedio para su edad.

En el norte de Gaza, donde el acceso es aún más limitado, la situación es peor. El pequeño Yazan Abu al-Foul, de 2 años, muestra signos graves de desnutrición, pero los hospitales locales no pueden internarlo por falta de equipos y recursos básicos como vitaminas, soluciones intravenosas o fórmulas especiales.

Mientras tanto, el ejército israelí ha comenzado a lanzar ayuda aérea sobre Gaza y anunció pausas temporales en sus operaciones para facilitar entregas terrestres. Sin embargo, médicos y organizaciones denuncian que las restricciones impuestas siguen impidiendo una respuesta humanitaria eficaz.

El Programa Mundial de Alimentos alertó que un tercio de la población gazatí pasa días sin comer. Médicos Sin Fronteras reporta que una de cada cuatro mujeres embarazadas y niños pequeños atendidos sufre desnutrición. Los profesionales afirman que muchas víctimas podrían haberse salvado si no hubiesen estado tan debilitadas.

Para los trabajadores de la salud, la carga es insostenible. Algunos se desmayan en quirófanos o salas de emergencia por falta de alimentos, según reportó el director del Hospital Al-Shifa, Mohammad Abu Salmiya. “La carga sobre ellos es inmensa”, afirmó.

El colapso sanitario en Gaza, agravado por la falta de alimentos y la imposibilidad de entregar ayuda con seguridad, ha hecho que la hambruna se convierta en un arma silenciosa pero devastadora. Cada día, más vidas se pierden no solo por los bombardeos, sino por el hambre.

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