En un hecho sin precedentes desde el siglo XVI, el papa León XIV y el rey Carlos III de Inglaterra rezaron juntos este jueves en la Capilla Sixtina, marcando el primer encuentro de oración entre un pontífice y un monarca británico desde la ruptura entre Roma y la Iglesia de Inglaterra ocurrida en 1534 durante el reinado de Enrique VIII.
El histórico servicio ecuménico, presidido por el Papa y el arzobispo anglicano de York, reunió a los líderes de las dos iglesias cristianas separadas por casi cinco siglos. Carlos III y la reina Camila se sentaron en tronos dorados frente al fresco El Juicio Final de Miguel Ángel, en un gesto que simboliza la reconciliación espiritual entre ambas tradiciones religiosas.
La ceremonia estuvo acompañada por coros mixtos de la Capilla Sixtina y del Castillo de Windsor, así como del coro infantil del Palacio de Saint James, en una fusión musical que reflejó la herencia compartida entre católicos y anglicanos.
El encuentro se produjo en un momento de tensión mediática para la monarquía británica, debido al renovado escrutinio sobre los vínculos del príncipe Andrés con el delincuente sexual Jeffrey Epstein. El hermano del rey enfrenta presiones para ser despojado de sus títulos y abandonar su residencia cercana al Castillo de Windsor.
Inicialmente programada para principios de año, la visita papal se pospuso tras la muerte del papa Francisco. El rey Carlos había manifestado su deseo de acudir al Vaticano durante el Año Santo 2025, una celebración cristiana que ocurre cada 25 años.
Durante la ceremonia, Carlos III recibió el título de “Confrater Real” en la basílica de San Pablo Extramuros, símbolo de comunión espiritual entre ambas iglesias. A su vez, el monarca otorgó al pontífice el título de “Confrater Papal de la Capilla de San Jorge” del Castillo de Windsor.
La silla ceremonial que utilizó el rey, decorada con su escudo de armas y la inscripción latina Ut Unum Sint (“Que sean uno”), permanecerá en la basílica como emblema de unidad cristiana para sus herederos.
El cardenal Vincent Nichols, arzobispo de Westminster, destacó que la oración conjunta entre el Papa y el monarca “representa un ejemplo profundo de cooperación y fe compartida”, recordando que la reina Isabel II también fortaleció los lazos entre ambas iglesias con sus múltiples visitas a Roma.
El encuentro ocurre poco después de la elección de Sarah Mullally como primera mujer arzobispo de Canterbury, aunque no participó en la visita al Vaticano por no haber sido investida formalmente. En su lugar, el arzobispo de York, Stephen Cottrell, encabezó el servicio.
Sin embargo, el nombramiento de Mullally ha generado nuevas tensiones dentro de la Comunión Anglicana, especialmente entre las iglesias conservadoras de África. La Fraternidad Global de Anglicanos Confesantes (Gafcon) anunció su separación de la estructura oficial, argumentando su rechazo a la ordenación de mujeres y al apoyo a la comunidad LGBTQ por parte de la Iglesia de Inglaterra.
Aun con las divisiones internas, el encuentro entre León XIV y Carlos III fue calificado por el Vaticano como “un paso histórico hacia la unidad cristiana”, casi cinco siglos después del cisma anglicano que dividió a la cristiandad occidental.









