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El Profesor Zovek era de Torreón.

El próximo 10 de marzo de 2019 se cumplirán 47 años de la muerte del profesor Zovek. Francisco Xavier Chapa del Bosque fue comparado con Harry Houdini por su destreza para ejecutar escapes atado de pies y manos, en presencia del público; y con Bruce Lee, por su fortaleza y condición física.

Era la noche del viernes 10 de marzo de 1972, por canal 2 el noticiario 24 Horas informaba sobre la trágica muerte del “increíble profesor Zovek”, quien la tarde de ese día en Cuautitlán, al tratar de descender por una cuerda que pendía de un helicóptero, extrañamente, cayó al precipicio…

Francisco Xavier Chapa del Bosque, a quien todos conocían como el Profesor Zovek, nació el 13 de abril de 1940, en la ciudad de Torreón, Coahuila, en el seno de una familia acomodada nativa de aquella región lagunera. Sus padres, Francisco Chapa González y Julieta del Bosque, le inculcaron una educación rígida, siguiendo las costumbres de la época.

Tanto sus hijos como Josefina Rocha, su viuda, señalan que Zovek fue un niño precoz que “a los cinco años le mandaba cartas de amor a Tongolele”.

Explican también que “le gustaban mucho las historias épicas y mitológicas, como las de Hércules o Sansón, o como la de aquel muchacho flaquito que después de tanto correr cargando en la espalda a un becerro, llegó el día en que entró al coliseo cargando a un toro; o bien, las historias de los hombres más fuertes de su época”.

Por aquellos años, Francisco Xavier Chapa se encontraba discapacitado a causa de la poliomielitis que había sufrido años antes. Uno de sus tíos, cardiólogo de profesión, decidió rehabilitarlo ayudándose con una tabla y un tabique.

Todo el tiempo que duró la rehabilitación, ambos guardaron el secreto, hasta que un día en que su tío reunió a la familia, Zovek caminó, ante el asombro de sus padres, quienes exclamaban que se trataba de un milagro. El les respondió: “cuál milagro, mi propia voluntad hizo que caminara”.


Los comienzos del mito

Cuando Zovek ingresó a la escuela se encontraba todavía débil. Ante los abusos de los demás niños su tío lo impulsó a entrenar lucha libre y artes marciales.

A los 18 años, aún como Francisco Xavier Chapa del Bosque, hizo una demostración de fuerza al jalar con los dientes dos automóviles y dos camiones. También levantaba una tarima con ocho personas sobre ella.

Ocho años más tarde, en 1966, Chapa del Bosque creaba lo que sería el antecedente del “increíble profesor Zovek”, inspirado tal vez en el personaje de Flemming, el 007, y al que llamó Agente X-1.

En 1968, Chapa del Bosque dio a conocer Vuelo sin Escalas, un método que acercaba al individuo a la perfección física. Adolfo Alvarez, su asistente, revela que este sistema de acondicionamiento físico “fue aplicado a niños, miembros del Ejército, alumnos del Instituto Nacional de la Juventud Mexicana y de escuelas de primaria, con excelentes resultados”.

El 6 de enero de 1969 realizó su primera gran presentación, en un festival organizado por el Instituto Nacional de Promoción y Protección de la Infancia, en el Palacio de los Deportes, realizando un escape de una camisa de fuerza. Ese mismo año, y ya como el Increíble Profesor Zovek, hizo su aparición en el programa “Domingos espectaculares” del canal 8, aún conducido por Neftalí López Páez, en el que implantó un récord al realizar en cuatro horas 55 minutos, 8 mil 350 abdominales.

La polémica muerte

El espectáculo de Zovek tenía varias facetas: fuerza, escapismo y resistencia. Uno de sus actos más peligrosos y espectaculares fue aquel que presentó en los estudios del entonces Canal 8, en el que se introdujo en una caja de madera a la que se le roció gasolina y se le prendió fuego; segundos más tarde, Zovek se había escapado, aunque no pudo evitar sufrir algunas quemaduras y ser llevado a un hospital.

En Siempre en Domingo realizó otros actos de fuerza como detener con los dientes diez motocicletas en marcha; cargar un Safari lleno de gente o soportar el peso de una combi con el abdomen.

Zovek no sólo se limitaba a presentar su espectáculo, al iniciarlo explicaba al público qué iba a ver y cómo se había preparado para ello. Al finalizar daba un mensaje que tenía como fin que la gente tomara conciencia de que “todo ser humano posee un gran potencial que debe ser desarrollado a través del acondicionamiento físico, y mediante una evolución mental y espiritual”.

Más de cuatro mil personas se habían reunido aquella la tarde del 10 de marzo de 1972 en la Plaza de la Cruz de Cuautitlán. Casi eran las 6 de la tarde. Todos esperaban la espectacular llegada del “increíble profesor Zovek”, quien descendería por una cuerda que colgaba de un helicóptero. La presentación tenía por objeto ayudar a un amigo, propietario del Circo de los Hermanos Suárez, que había sufrido la pérdida de su carpa.

De pronto el helicóptero apareció en el aire, se ubicó a casi diez metros de altura, tal como se había planeado, pero cuando Zovek estaba descendiendo por la cuerda, el piloto Javier Merino Arroyo se elevó y empezó a dar vueltas, a una altura aproximada de 30 metros. Colgado de la cuerda, Zovek se balanceaba peligrosamente.

El personal del circo, desconcertado ante lo que sucedía, advertía al piloto. Merino Arroyo, extrañamente, no hizo caso de estas indicaciones.

Súbitamente, después de estar suspendido y aferrado a la cuerda por un momento, Zovek se resbaló y cayó en la parte posterior de la fábrica Dispositivos Electrónicos.

Testimonios de un testigo, publicados por diversos medios impresos de la época, señalaban que “extrañamente cuando Zovek empezó a descender por la cuerda que pendía del helicóptero, la aeronave comenzó a elevarse. Arriba dio cuatro vueltas. Cuando comenzaba la quinta, Zovek ya estaba hasta el extremo de la cuerda. Fue entonces cuando se desprendió”.

El mismo testigo añadió: “El helicóptero descendió cerca del sitio donde cayó el profesor Zovek, cuando llegó la policía se elevó y se perdió de vista”.

Esto lo confirmó su hija, Diana, quien asegura: “No llegamos al lugar donde cayó porque estaba alambrado, pero vimos cómo bajó a piso el helicóptero, a escasos cinco metros de mi papá. Vimos al piloto recoger la cuerda, después volvió al helicóptero, se elevó y se fue… la que llegó a auxiliar a mi papá fue una patrulla para llevarlo al hospital”.

En el Hospital Civil, a pesar de los esfuerzos de los médicos por salvarle la vida, Francisco Xavier Chapa del Bosque falleció a causa de fracturas en el cráneo, tórax y otras partes del cuerpo.

Por su parte, Adolfo Álvarez, colaborador de Zovek, recuerda: “El me había comentado que no tenía ganas de ir. Como yo no pude asistir ese día, acordamos vernos en su casa. Llegué y el perro bóxer que le regalé en uno de sus cumpleaños empezó a ladrar, después se puso triste y creo que hasta lloró… de repente se desvaneció y yo comencé a sentir un fuerte escalofrío y una preocupación terrible, cuando llegué a mi casa mi mamá me dijo que había visto en la televisión cómo había muerto Zovek”.

La oficina de Relaciones Públicas de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes informó que el piloto Merino Arroyo tenía una amplia hoja de antecedentes negativos en la Dirección General de Aeronáutica Civil. Ante esa información, colegas del piloto salieron en su defensa, argumentando que tenía 10 mil horas de vuelo, y que había recibido una medalla al mérito en el sexenio de Adolfo López Mateos.


El piloto aseguró ser inocente

La noche de ese viernes 10 de marzo, durante el noticiario 24 horas, Javier Merino Arroyo le aseguró vía telefónica a Joaquín López Dóriga que era inocente de la muerte de Zovek, y que él había sentido el jalón de cuerda, con el cual se le indicaba que podía elevar el helicóptero.

En la capilla de Gayosso se presentaron sus admiradores, amigos y familiares, quienes acompañaron a su esposa e hijos hasta su última morada.

“Cuando se veló el cuerpo -recuerda uno de sus hijos-, la gente que fue a verlo se comportó con un respeto increíble… no iban a ver si lloraban o no la viuda o los hijos, no volteaban a ver a nadie, pasaban, lo tocaban y se persignaban; había otros que sacaban un frasquito de su bolsa y, mientras pasaban, lo ponían encima del ataúd y luego lo cerraban y se iban en silencio, como si se llevaran parte de su energía o de su esencia; incluso, hubo momentos en que tuvimos que consolar a las personas que lo iban a ver, porque estaban abatidos”.







Información vía: La Jornada

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