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Esta criminóloga ha estado frente a las mayores mentes criminales de México

Cuando Mónica Ramírez Cano saca a pasear a sus tres perros o sale a comer a algún restaurante parecería una mujer común de 42 años de la clase alta de la Ciudad de México. Rubia, con joyas de Tiffany, que mezcla palabras en inglés y tiene un equipo de escoltas que la acompaña a todos lados. La intención es pasar desapercibida.

Hasta el 1 de diciembre de este año, Mónica fue la mujer elegida por el gobierno mexicano para elaborar los perfiles de los criminales más despiadados de las últimas tres décadas. Ha estado sentada frente a frente con El Chapo Guzmán, El Mochaorejas, La Mataviejitas, El Zeta 40 y varios más. Los “malos malos malos”, según sus palabras, pero con quienes ha creado una relación de entendimiento.

Por poseer información clasificada y relacionada a la seguridad nacional e internacional, no puede llevar una vida como la de cualquier persona, aunque tampoco es que lo anhele. Nunca toma un día de descanso y los elementos de seguridad en su casa están de forma permanente. No tiene una relación amorosa, tampoco familiares cercanos y no desea tener hijos. Si tuviera que autodescribirse, diría que es una mujer solitaria y celosa de sus espacios.

Para ingresar hasta su casa, precisamente, hay que pasar varios filtros de seguridad. No hay manera de realizar visitas sin que ella no las autorice. Hay que subir un elevador junto a un escolta, mismo que se quedará sentado a unos pasos de Mónica durante toda la entrevista.

Al cruzar la puerta principal, lo que más llama la atención son las paredes; blancas y rojas tapizadas con apuntes a mano en marcador negro que le facilitan el trabajo a la criminóloga. Detalles sobre expedientes, conexiones, mapas, frases motivacionales, nombres, edades, delitos, maneras de operar y fotografías explícitas. Concentrarse en un sólo punto es una tarea complicada.

Uno de los rasgos que caracterizó al sexenio de Enrique Peña Nieto fue la cacería que se realizó de los capos más importantes del narcotráfico en México. Ahí estuvo Mónica, lista para platicar por más de seis horas con cada uno de los criminales que ingresara a algún penal de máxima seguridad. La mujer es una mezcla de misterio y fascinación.

Uno de los rasgos que caracterizó al sexenio de Enrique Peña Nieto fue la cacería que se realizó de los capos más importantes del narcotráfico en México. Ahí estuvo Mónica, lista para platicar por más de seis horas con cada uno de los criminales que ingresara a algún penal de máxima seguridad. La mujer es una mezcla de misterio y fascinación.

Antes de comenzar a platicar, se asegura de que nada la distraiga. Hay un saco de box rojo colgado justo detrás de ella. Un par de botellas de agua Fiji sobre una mesa plateada y nada más. Si alguno de sus perros ladra, le ordena a su escolta/asistente que, de inmediato, se haga cargo. Casi no hay muebles, además de un par de sillas, al fondo de la estancia hay un sillón junto a un ventanal con vista a un edificio gris. Advierte, antes de cualquier pregunta, que hay temas en los que no puede entrar en detalles; se refiere al Chapo Guzmán.

Además de los apuntes a mano, sobre las paredes están colgados varios cuadros que, afirma, fueron pintados por asesinos seriales, con quienes tiene una especie de relación laboral. Destaca el de un cristo sobre un horizonte, cuyo autor sería Raúl Osiel Marroquín, “El Sádico”, acusado de asesinar a cuatro hombres y secuestrar a otros seis presuntamente por sus preferencias homosexuales.

–Si me voy a sentar contigo seis meses, es como iniciar un romance porque te comprometes, lo que ves es lo que hay, yo no te voy a mentir porque yo te estoy pidiendo, de alguna manera, que seamos neta, para no perder tiempo– dice sobre sus encuentros con los asesinos seriales.

Mónica es de Chihuahua, estudió Psicología y se especializó en Criminología, Perfiles Criminológicos, Violencia Serial, Delincuencia Juvenil y Psicología Aplicada. Después de radicar un tiempo en Europa, volvió a México para investigar el sistema penal pero no encontró un orden en los archivos. Le entregaban expedientes de cualquier persona que hubiera cometido más de tres homicidios y que no necesariamente presentaba una conducta serial; como asaltantes de bancos o sicarios.

En el camino conoció a Renato Sales, a quien todo el tiempo se refiere como su maestro. El ex Comisionado Nacional de Seguridad fue quien la invitó a trabajar en la Coordinación Nacional Antisecuestros con la encomienda de elaborar el perfil del secuestrador a nivel nacional, y después en la Comisión Nacional de Seguridad (CNS) con la misión de encontrar factores psicológicos que incidieran en la violencia y delincuencia, tomando como referencia a las personas privadas de la libertad.

–A él le encantó la parte de los perfiles criminológicos, mi chamba es siempre estar adentro de la cárcel, centros de reclusión, ahí está la mente criminal que es la que yo estudio twenty-four seven, entonces trabajamos con personas ya sentenciadas como Daniel (“El Mochaorejas”) y Aurelio Arizmendi, (Andrés) Caletri, (Macario) Canchola…–explica.

Sales le encargó la tarea de elaborar los perfiles criminológicos de objetivos prioritarios para el gobierno federal: El Chapo, Dámaso López, Miguel Ángel Treviño “El Zeta 40”, entre otros narcotraficantes. Su trabajo fue analizarlos psicológicamente para saber qué dormitorios serían los más adecuados para cada uno, si tenían planes de escaparse, amenazas de muerte u otro tipo de riesgos.

–Puedo decir que trabajé con El Chapo y fue una ardua labor de todo un equipo cuando estuvimos con él. No sé cómo decirlo para que no se malinterprete pero (veo) personas que hablan como si se hubieran tomando café con él, (Chapo) y tu dices ‘híjole, si yo te dijera’– opina.

Insiste en que puede hablar muy poco sobre Joaquín Guzmán Loera, alcanza a reconocer que los programas de televisión no retratan la verdadera personalidad del sinaloense. Admite que la serie El Chapo, producida por Telemundo, está bien documentada. No confirma ni fechas, ni el lugar donde fue el encuentro con él ni con otros capos de esa magnitud. La fotografía en la que se observa sentada frente al capo fue publicada, junto con varias imágenes más, por Mónica una vez que dejó su puesto en la CNS. Actualmente, Joaquín Guzmán Loera se encuentra en juicio en una corte de Brooklyn, Nueva York.


LA MATAVIEJITAS

Para elaborar un perfil psicológico, Mónica platica por horas con los criminales. Les pregunta su historia de vida, desde cómo se conocieron sus padres, cómo fue su infancia, su entorno social, educativo, familiar, sexual, cultural, hasta sus hábitos médicos. Les cuestiona cómo suelen resolver los problemas que han marcado su vida y cómo suelen significar ciertas situaciones.

Renato Sales aseguró a Buzzfeed News México que Mónica fue una funcionaria “con desempeño profesional con alta calidad humana. Una servidora pública con carisma y preparación cuya misión durante la administración, que recién terminó, fue hacer “entrevistas a internos sujetos a medidas especiales de seguridad para ubicación de desaparecidos y evaluar perfil criminal”.

Citando la obra Walking Time Bombs del psicólogo Joel Norris, Mónica sabe que “no te pasa que te levantas un día y dices ‘voy a ser asesino serial’, (sino que) ya vienes cometiendo una serie de crímenes, quizás distintos, como robo o asalto sexual y ya después inicias tu carrera de asesino serial”.

Habla de niños y niñas que nacen con un kit heredado con defectos, debido a que los abuelos o bisabuelos tuvieron deficiencias cerebrales que empeoran si “no hay una buena alimentación o te toca vivir en condiciones fatales”. Así fue como comprendió que Juana Barraza “La Mataviejitas“, sentenciada a 754 años de prisión por 17 homicidios, tuvo una infancia “espantosa, con muchos estresores, violencia ejercida por su propia mamá, violencia física, sexual, emocional, negligencia”. A ella se refiere con cierto cariño, la llama “Juanita” y asegura que su expediente está conformado por más de 50 tomos que ocupan todo un clóset. En sus álbumes es con quien más aparece sonriendo en fotografías.

Mónica asistió a la boda de Juana Barraza dentro del penal de Santa Martha y la imagen quedó registrada en una página impresa del periódico Reforma el 15 de marzo de 2014.

EL CANÍBAL

Otro de los casos que marcó su vida fue el de Gilberto Ortega Ortega, “El Caníbal de Chihuahua”,pues recuerda que durante su infancia en esa ciudad era común que los adultos amenazaran a los niños que se portaran mal con ser llevados por ese hombre; un pedófilo y asesino de la vida real que actualmente está preso y diagnosticado con enfermedades mentales severas. Fue el coco de Mónica de niña y décadas después fue su paciente.

–Tiene una esquizofrenia muy desorganizada, te maneja en sus discursos que yo soy la agente del FBI que lo mandé a buscar. Entendí y comprendí, a través de la revisión de su infancia, que no tuvo redes de apoyo; sus hermanos no lo rescataron, la mamá lo mandó a Estados Unidos con un tío que abusó sexualmente de él, lo explotaba sexualmente con sus amigos; creció con odio y coraje y de alguna manera lo proyectó en sus víctimas– dice.

Uno de los factores en común que Mónica encontró después de todas estas entrevistas fue que el impulso sexual es uno de los principales motivadores de los seres humanos, y si durante la infancia se asocia de forma errónea puede tener consecuencias fatales.

–Empiezas a hacer asociaciones terribles como erotizar la violencia, cuando hay una época en los menores que se empiezan a masturbar, y es normal, entonces dependiendo cómo empieces a manejar con tu hijo eso, es como el niño lo va a significar, si lo empiezas a golpear y a decirle que esta mal, el niño lo va a ver como malo, le va a empezar a llamar la atención lo malo porque esta asociado a la estimulación sexual–, señala.

Terminado el sexenio de Enrique Peña Nieto, dejó su labor en la CNS pero no piensa retirarse, sino trabajar desde otra trinchera.

–Yo no podría retirarme y dedicarme a la jardinería, jamás. Yo voy a seguir en esto hasta el día que me muera, es mi vocación, tanto para delincuentes como para los civiles, la gente normal, siempre hay una segunda oportunidad. (Sin embargo) la gente con la que yo trabajo ya no tiene remedio, digámoslo así (…) ¿qué haces? controlarle la conducta, lo reeducas–.

–Jamás nada de lo que yo hago es para justificar un acto de violencia, sino sencillamente para tratar de comprender los factores que se mezclaron para que alguien se comportara violentamente–, señala.

Información vía: BuzzFeed News

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