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La comunidad LGBT y sus aspiraciones en las elecciones de EU

Las elecciones intermedias de este martes no solo pondrán a examen los 23 meses de presidencia de Donald Trump. Estos comicios van mucho más allá de eso. También son una radiografía para conocer hasta qué punto el discurso polarizante, sexista y homofóbico de la ultraderecha en Estados Unidos ha hecho metástasis en los huesos del país que presume ser la casa de una sociedad de valientes y libres.

Este 6 de noviembre, unos 34,5 millones de estadounidenses elegirán a un tercio del Senado, a toda una nueva Cámara de representantes y a 36 de los 50 gobernadores del país. Los votantes tendrán que decidir entre el típico menú que ofrece el Partido Republicano, donde la mayoría de los candidatos son hombres blancos y mayores, y la inusual diversidad que ofrece este año el Partido Demócrata: un repertorio integrado en su mayoría por mujeres y con una alta presencia de comunidad afroamericana, latina y LGBT, que pretende capitalizar la impopularidad de Donald Trump.

Del total de candidaturas que se juegan hoy su futuro, 272 son de mujeres. 216 son personas negras, hispanas, asiáticas, nativas americanas o multirraciales. Y 26 de esas personas se identifican como homosexuales, lesbianas, bisexuales o trans. Este último segmento de candidaturas, las LGBT, pertenecen en su mayoría al Partido Demócrata, que para distanciarse de la transfobia y homofobia del gobierno de Trump ha dado la mayor cantidad de espacios a la diversidad sexual en una boleta electoral en la historia de Estados Unidos.

Acosados por los recortes a presupuestos de salud para clínicas especializadas en VIH, el veto a personas trans en el ejército, la pretensión de que nadie pueda alterar su género en las actas de nacimiento y una serie de leyes para oficializar la discriminación por homofobia en aras de la “objeción de conciencia”, estas elecciones son claves para la comunidad LGBT, que busca reencaminarse en el sendero de derechos humanos ganados en los últimos años.

Y una “Ola arcoíris” —como le han llamado los medios locales a este movimiento— de candidatas y candidatos ha trabajado con fuerza para cosechar los votos de homosexuales, trans y heterosexuales que están hartos de la política divisoria de Donald Trump.

Estas elecciones harían historia para la comunidad LGBT si ganara, por ejemplo, la demócrata Christine Hallquist, la primera persona transgénero en conquistar una gubernatura, específicamente la de Vermont, de donde es originario el presidenciable Bernie Sanders.

Jared Polis busca ser el primer hombre abiertamente homosexual en gobernar Colorado. Kyrsten Sinema anhela ser la primera senadora públicamente bisexual en la historia de Arizona. Eric Olguin quiere convertirse en el primer hombre latino y abiertamente sexual en la historia del Congreso de Texas. Lupe Valdez quiere ser la primera gobernadora lesbiana e hispana en Texas. Y más casos como esos se encuentran a lo largo de las boletas de este martes. Todos han dicho que defender a su comunidad será prioritario en su trabajo como servidores públicos.

Un análisis del diario New York Times muestra que el terreno político es inmejorable para que triunfe la “Ola arcoíris”: este año, los hombres blancos solo acapararon el 58 por ciento de las candidaturas, la tasa más baja en las últimas cuatro elecciones.

Además, se perciben vientos de cambio que pueden ser aprovechados por la comunidad LGBT: por ejemplo, por primera vez, una mujer negra, Stacey Abrams, es favorita para convertirse en gobernadora. Y por primera vez en la historia de Estados Unidos, el país tendría a una primera gobernadora nativa americana, si triunfa la demócrata Paulette Jordan en Idaho. E Ilhan Omar sería la primera diputada musulmana que retiene su distrito, si asegura una victoria en Minnesota.

En general, los medios estadounidenses coinciden en que, aunque el nombre del presidente Donald Trump no está en la boleta, esta elección podría reducirse a una pregunta: ¿debe la Casa Blanca gozar de, al menos, dos años más de mayoría en el Congreso para tener luz verde en su conservadora agenda política?

Solo el paso de las horas develará la respuesta. Por lo pronto, la “Ola arcoíris” se prepara para su máxima revancha política: ganarle a Donald Trump. Y, de paso, acercarlo a la salida de la Casa Blanca.

 

 

 

 

Información vía: Huffington post

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