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La historia detras de: El hospital de la selva Lacandona

En territorio zapatista, muy cerca de la entrada a la selva Lacandona, está el Hospital San Carlos. Para llegar a él, hay que tomar la carretera federal 199; de San Cristóbal de las Casas a Altamirano, la comunidad donde está el nosocomio, son casi tres horas de camino.

San Carlos sobrevive sin la subvención de los gobiernos estatal y municipal; funciona con el apoyo del Monte de Piedad y la Fundación de Obras Sociales de San Vicente, además de donativos y las cuotas que los pacientes dan por los servicios, ya sea en efectivo o en especie.

En el hospital, las consultas, aproximadamente 90 al día, son hasta las 18:00 horas. Sin embargo, el servicio está disponible las 24 horas y se atiende a cualquier persona que lo requiera y sin importar si habla o no español.

¿Sabías que existía este nosocomio chiapaneco? Te contamos sobre él.

El Hospital San Carlos, que fue fundado en 1969 por el obispo Samuel Ruiz, está principalmente enfocado en los grupos étnicos de la región, como los tzeltales, tojolabales, tzotziles, choles y zoques, quienes en su mayoría son de escasos recursos. Esta es la causa por la que, en caso de que no puedan solventar el costo de la consulta y los medicamentos, el pago lo pueden realizar en especie o varios años después.

“Acabamos de tener un caso de un señor que vino (a recibir atención médica) hace 17 años. Llegó con un papel todo amarillento a pagar su deuda. Ellos son gente de palabra y si te prometen que regresarán a pagarte, no dudes que lo harán (…) En otros casos, las personas tienen sus propios cultivos, por lo que traen naranjas, maíz, lo que tengan para pagar”, explica sor Ofelia, exdirectora del nosocomio y que forma parte de la orden de San Vicente de Paul.

Una de las barreras al atender a estos grupos es el idioma, debido a que no hablan español. No obstante, esto no ha detenido a los médicos, quienes hallaron una manera de comunicarse con ellos: a través de asistentes y enfermeras que hablan sus lenguas.

“Los auxiliares de enfermería son el gran puente entre el paciente y nosotros que no hablamos el tzeltal. La dinámica habitual es que el paciente entra, se cotejan los datos del expediente y se empiezan a hacer preguntas acerca del motivo que lo trae a consulta. Ya que el paciente se expresa en su lengua, es quien nos traduce a nosotros, hacemos la interpretación, exploración física y devolvemos de manera verbal en español el probable diagnóstico (…) Todos los auxiliares hablan alguna de las lenguas, todos son originarios de la región”, detalla Marissabel Casas, quién es médico de San Carlos desde hace poco más de año y medio.

Todo el personal toma clases de tzeltal una vez a la semana, para acercarse y entender aún mejor a los que acuden.

Lo que buscan los médicos y quienes laboran en el hospital es que los enfermos se sientan como en casa, por lo que, además de aproximarse a ellos a través del idioma, también lo hacen con sus instalaciones. Esta es la razón por la que cada consultorio, cuarto y hasta el área de espera que está destinada para los pacientes que necesitan operaciones, tiene vista hacia áreas verdes.

“Aquí no tenía mucho espacio, la arquitectura obligadamente tuvo que ser orgánica para imponer formas, para que se hicieran espacios que ocupara lo menos, que fuera práctico y de fácil acceso. Mi idea fue que cada cama tuviera una vista hacia áreas verdes que no hubiera alguna que no tuviera una ventana hacia un jardín. Logramos hacer esta combinación de espacio construido-jardín, para facilitar este concepto, esta medicina”, expuso Kees Grootenboerg, el arquitecto encargado de la modernización de las instalaciones en 2004.

Los pacientes del nosocomio chiapaneco, el cual estuvo a punto de cerrar durante el levantamiento zapatista debido a la falta de recursos y de enfermos, son mayormente mujeres y la edad promedio es entre los 20 y 30 años.

Los padecimientos que más han detectado son tuberculosis, diabetes, problemas hepáticos y respiratorios, desnutrición y enfermedad de Chagas.

Para padecimientos como tuberculosis, el hospital tiene un área de aislamiento. En él, el consultorio está al aire libre debido a que, según los requerimientos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), si no se cuenta con un espacio cerrado con buena ventilación, debe ser lo más abierto posible para evitar el contagio.

Tan sólo el año pasado, tuvieron 78 casos y, en lo que va del 2018, han tenido 36 enfermos. Sin embargo, en San Carlos cuentan con especialistas para prevenir y curar este padecimiento, que es la novena causa de muerte a nivel mundial según información de la OMS.

Otro de los problemas de San Carlos es que, pese a que se atienden urgencias, las operaciones sólo se realizan los días lunes, miércoles y viernes o durante las campañas realizadas por médicos voluntarios u órdenes extranjeras de diversas índoles, como ginecología y obstetricia, urología o dermatología. Para realizar las cirugías, San Carlos cuenta con dos salas.

“Nos es muy difícil conseguir especialistas. Hemos conseguido un cirujano que opera tres veces a la semana y un anestesiólogo que viene de Ocosingo”, menciona sor Adela Orea, directora del nosocomio.

Otra de las especialidades que requieren es ginecología, razón por la que no atienden casos específicos en la materia y las mujeres son canalizadas al hospital más cercano del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) para ser revisadas.

Una muestra de la carencia de médicos especialistas es en el área de Pediatría. Daniela, quien es médico desde hace poco más de un año en el nosocomio, es la única que está tanto en las mañanas como en las tardes a cargo de la atención de los lactantes y niños.

Para llegar al hospital, algunos de los enfermos deben recorrer más de 12 horas. Esta es la razón por la que en el hospital hay espacios donde las familias pueden comer y esperar a sus seres queridos.

“La gran mayoría vienen de regiones muy alejadas, ocho horas, 12 horas; algunos deben tomar una avioneta para llegar al municipio de Ocosingo, que es el municipio más grande del estado (…) La mayoría viene con los alimentos ya preparados porque no saben cuándo van a regresar. Si les llevó 12 horas llegar, es probable que les tome el doble o más regresar a su lugar de origen. Consideramos ese dato a la hora de dar la consulta y el seguimiento”, detalla Marissabel.

En estas situaciones, las monjas de la orden de San Vicente de Paul atienden también una posada, en la que las familias, muchas veces con niños o personas mayores, pueden estar mientras esperan a que su pariente mejore.

En este sitio no hay camas y esto se debe a que los grupos están acostumbrados a dormir en el piso; los colchones les parecen incómodos.

“Aunque no hay colchones, acondicionamos el lugar con mosquiteros y piso liso. Si requieren cobijas, pueden dejar su credencial de elector y se la devolvemos cuando ya no necesiten el cobertor. Si no tienen identificación oficial, pueden dejar cinco pesos, 10, algo significativo que será devuelto”, puntualiza sor Adela.

El Hospital San Carlos, al igual que los otros tres proyectos de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul, han sido apoyados por Nacional Monte de Piedad desde 2005.

De 2005 a 2018, Monte de Piedad ha otorgado a Fundación de Obras Sociales de San Vicente un total de 13.7 millones de pesos para los cuatro proyectos.

Este capital se ha destinado a sueldos de médicos, enfermeras y químicos; pago de análisis clínicos, remodelaciones; compra de alimentos, equipo de cómputo y equipos de nutrición como básculas y otros instrumentos.

Una de las obras más representativas impulsadas con recursos provistos por Monte de Piedad es el comedor que forma parte del hospital y que está a ubicado en la cuadra contigua al nosocomio, en Altamirano.

En su mayoría, según menciona Marissabel, los recursos provienen de la asistencia pública, no de los gobiernos estatal o local.

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