Usarán robots para futuras misiones espaciales

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Mantener a un astronauta en órbita puede costar más de 430 millones de dólares al año, según la startup Gitai. Solo es posible mantener vivos a los humanos en el espacio debido al dinero y al esfuerzo invertidos para garantizar su seguridad. Una forma de reducir el costo y los riesgos es enviar un avatar, un robot controlado a distancia.

“Se necesitan robots que puedan ayudar”, dice Naoko Yamazaki, la segunda mujer astronauta de Japón en volar al espacio. “Eventualmente, deberíamos hacer tareas de forma remota o que se hagan cargo por completo”.

A medida que la NASA abre la Estación Espacial Internacional a empresas privadas y se embarca en la misión de Artemis para enviar astronautas de regreso a la luna, hay un reconocimiento creciente de la necesidad de mantener el gasto bajo control.

Ahí es donde intervienen las tecnologías de avatar. Al igual que un piloto de drones, un operador equipado con pantallas envolventes o auriculares con realidad virtual podrá mover brazos mecánicos o un robot completo a distancia. Los bloques ya existen; el truco es unirlos con software para que todo funcione. Esa es una de las razones por las cuales se proyecta que el mercado de la robótica espacial alcance los 4 mil 400 millones de dólares para 2023.

“Las tecnologías avatar ampliarán la oportunidad de investigación en el espacio”, dice Anousheh Ansari, la primera mujer musulmana en ir al espacio. “Podemos tener lo mejor de ambos mundos” de robots y curiosidad humana, inteligencia e interactividad, dijo.

Sho Nakanose, director ejecutivo de Gitai, con sede en Tokio y San Francisco, apuesta a que tiene la solución correcta. Está desarrollando un robot que puede ser operado desde la Tierra, manejando tareas que normalmente requerirían de un astronauta.

“Veremos una era en la que los humanos estarán trabajando en el espacio, no solo yendo al espacio”, asegura Nakanose. “Queremos que nuestros robots creen bases para Blue Origin y SpaceX”.

Nakanose, exingeniero de sistemas de IBM, se fue de la firma para lanzar una startup tecnológica en India, y construyó robots para divertirse. Finalmente, decidió que las máquinas diseñadas para trabajar en el espacio tenían el potencial de convertirse en un negocio importante en una industria donde los costos de viaje son altísimos.

El proveedor de lanzamiento comercial SpaceX, fundado por Elon Musk, creó su negocio para reducir el costo de los viajes espaciales.

Los cohetes de la compañía con sede en Hawthorne, California, cuestan menos de 60 millones de dólares por lanzamiento a órbita terrestre baja, en comparación con más de 400 millones para un lanzamiento típico. La compañía también está trabajando para reducir el costo de enviar humanos al espacio y eventualmente establecer bases en la luna y Marte.

Compite con él el fundador de Amazon, Jeff Bezos, cuya compañía espacial Blue Origin está desarrollando sus propios cohetes reutilizables para enviar personas al espacio, con el objetivo a largo plazo de construir colonias en órbita alrededor de la Tierra.

Teóricamente, los robonautas deberían poder acelerar los altos objetivos de los multimillonarios.

Es por eso que Nakanose está compitiendo por ANA Avatar XPrize, una competencia global destinada a impulsar el desarrollo de la tecnología para su uso en zonas de desastre, bajo el agua u otros lugares considerados demasiado peligrosos para los humanos.

Al eliminar la necesidad de aire, calefacción, alimentos y agua que mantienen vivos a los humanos, los desarrolladores espaciales pueden reducir la frecuencia de lanzamiento de cohetes que transportan personas y, en cambio, enviar más avatares que pueden hacer caminatas espaciales todo el tiempo, a diferencia de los humanos, y ensamblar estaciones espaciales, construir bases y mantener naves.

En su oficina de Tokio, Gitai tiene una maqueta del interior de la Estación Espacial Internacional, con varios enchufes, estantes y equipos montados en una pared.

Un robot con brazos blancos y manos negras activa los interruptores y maneja las muestras experimentales. Los movimientos parecen casi humanos, probablemente porque hay un operador a 10 metros de distancia que usa auriculares y guantes que transmiten el tacto. ¿El costo? Entre 300 y 500 mil dólares por cada avatar.

Gitai ha recaudado alrededor de 4 millones de dólares de Spiral Ventures y otros patrocinadores para enviar partes de sus artefactos al espacio el próximo año para realizar pruebas, en lo que será un experimento conjunto con NanoRacks, una compañía con sede en Houston que ofrece servicios de lanzamiento y acceso a la Estación Especial Internacional.

La startup es uno de los 77 equipos que completaron la primera ronda de la competencia XPrize, que termina en 2022.

ANA Holdings, la aerolínea más grande de Japón, respaldará el concurso y 10 millones de dólares se repartirán entre ganadores y finalistas. “La movilidad, en nuestra definición, no requiere cuerpos”, dijo Akira Fukabori, quien supervisa la competencia.

David Locke, director de XPrize, señala que el uso de avatares no solo se limita al desarrollo espacial. Los robots controlados a distancia podrían usarse en lugares que son demasiado peligrosos para las personas, como un edificio derrumbado o un bosque en llamas.

Aun así, lograr que un robot operado desde la Tierra funcione en el espacio exterior es un desafío. Dadas las distancias involucradas, generalmente el operador deberá estar un largo tiempo, lo que pudiera provocar nauseas o dolores de cabeza, un problema similar que ocurre con las máquinas de realidad virtual. Para enfrentar el desafío, Gitai está trabajando en hacer que sus robots sean en parte autónomos, lo que aumentaría sus habilidades y facilitaría la operación de los humanos.

Los avatares espaciales probablemente no terminarán pareciéndose a humanos, dijo Masahiko Inami, profesor en la Universidad de Tokio. Eso costaría mucho y sería demasiado voluminoso para transportarlo al espacio. También operarán en gravedad cero, lo que significa que las piernas no son necesarias. “Centrarse demasiado en hacer que se vean como humanos podría alejar a las personas de su objetivo”.

Por ejemplo, JAXA , la agencia espacial de Japón, desarrolló una esfera autónoma llamada Int-Ball que fue enviada a la estación espacial hace tres años para tomar fotografías. En lugar de hacer que los astronautas tomen fotos, el dispositivo hizo el trabajo, ahorrando alrededor del 10% de su tiempo.

Otra solución es facilitar que los robonautas hagan su trabajo. La Puerta Lunar, la estación espacial que se está desarrollando para el programa Artemis, probablemente tendrá luces y marcadores para guiar a los robots, así como estaciones de carga, dijo Yamazaki. “Construirán un entorno que también sea más fácil para los robots”.










Información vía: El Financiero

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